Las ONGs en estrecha colaboración con las mafias que se dedican al tráfico de personas para lucrarse y sacar partido, tal y como recomienda el liberalismo económico – libre movimiento de personas, capitales y mercancías-, valiéndose de profesores de institutos y universidad, escritores y políticos, están ejerciendo unas presiones muy fructíferas ante la amenaza que supone la reacción social contra la inmigración plasmada en la nueva Directiva europea contra la inmigración ilegal. Su negocio se va a pique y desesperados están mandado sucesivas oleadas de pateras y cayucos –aparte por tierra y aire-, algo sin precedentes, como respuesta y represalia al clamor popular de poner freno a este problema anacrónico innecesario.
Empresarios, políticos y profesores, los más despiertos –quizás porque se levantan antes, no por otra cosa-, van mucho más allá. Intentan interpretar la Declaración de los Derechos Humanos a su antojo para derribar fronteras,¡ojo!, no se incluyen sus chaletes ni posesiones, –“desmontar el obsoleto sistema político mundial, basado en los Estados nacionales soberanos”; párrafo del libro: La cultura de la libertad- y de esta forma cumplir a rajatabla la doctrina de la globalización: facilitar el libre comercio de personas –mano de obra barata con sueldos de miseria, trabajando de sol a sol, sin derechos, esclavizados, y si se nota mucho se lavan las manos fomentado los micro-autónomos; toda ella mientras la necesiten, hasta sustituirla por máquinas-. La delincuencia, el parasitaje, el camino a la droga, no son efectos no deseados, no: les importa un pito; sacan provecho; cumplen mejor sus fines. Para ello poseen un aliado fiel e inmejorable: la izquierda, sorpresivamente. Por eso, utilizándola, se asoman y se atreven sin pudor a modificar las Constituciones, normas básicas de los países –los que las tengan, claro-. Constituciones por lo general chapuceras, aunque con buenas intenciones, son desmenuzadas para aprovechar resquicios basados en arbitrarias interpretaciones donde perpetrar el atentado a la soberanía nacional basada, como en nuestro caso, en el pueblo español. Véase el Artículo 13.2 de la Constitución el cual dice que solamente los españoles serán titulares de los derechos reconocidos en el Artículo 23: derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes -¿díganme, el PIR, Partido Independiente Rumano, que impunemente se presentó en las anteriores elecciones, representa a los españoles?-. Se hace una salvedad, que ahora están dispuestos a hacer de ella un nuevo Artículo de la Constitución, modificándola y vulnerándola, sin consultar al pueblo español, y esta es “que atendiendo a criterios de reciprocidad, pueda establecerse por tratado o ley para el derecho de sufragio activo y pasivo en las elecciones municipales”.
Parece que en esta ocasión es firme la voluntad del PSOE y el Gobierno de promover el derecho al voto en las elecciones municipales, en base a acuerdos de reciprocidad, para aquellos extranjeros que tengan residencia permanente en España. Una propuesta que el PSOE y el PP ya aceptaron en febrero y mayo de 2006, pero que después renunciaron a aplicar. De “ambiciosa” iniciativa –diríamos, presión- de López Garrido y Joan Herrera, califican este nuevo ataque a la Constitución y a la soberanía que reside en el pueblo español. Los dictadores y partidos políticos extranjeros, los políticos españoles, los capos de la droga, las mafias esclavistas, los empresarios liberales negreros, las ONGs, los sindicatos, los abogados, los profesores y sabios, los periodistas, se frotan las manos de una manera… Ya lo decíamos, la inmigración, imposición infame y rastrera es un negocio repudiable y beneficia: a la derecha para sustituirnos por mano de obra barata y a la izquierda para sustituirnos, igualmente por respondones, por una inagotable fuente de votos extranjera -¡venga y vote en España; viaje, bocadillo y compras gratis!-; pero ojo, les salen firmes competidores: el PIR, la Liga Árabe, el Partido Indio.. Con la sana intención de crear colonias, ser mayoría e imponer sus leyes y costumbres: guerra asegurada.Toda una aberrante traición al pueblo español. Si, español, así lo recoge en nuestra Constitución en todos sus artículos aunque utilice sinónimos como: ciudadanos, etc. ¿O es que cuando se refiere al Gobierno, a las Cortes, a Rey, sin poner explícitamente español, se está refiriendo a los de Marruecos, Mauritania, Ecuador… o a los venusianos? Cuanta mala fe e intención, cuanta falta de respeto.
Los españoles que salieron a trabajar en el extranjero, como bien recoge el Artículo 42 de nuestra Constitución, fundamentalmente a Alemania, porque no se si recordarán había salido de una horrible guerra y necesitaba mano de obra, pero con una sutil diferencia respecto a nuestra Guerra Civil: la importantísima inyección de dinero que supuso el Plan Marshall, Plan económico de ayuda a Europa del que nosotros no vimos un centavo, ¿acaso fueron a formar partidos políticos, a formar ONGs que los dirigieran y así vivir del cuento, a formar algaradas, a quemar coches, a matar gente?
Lo que se debe hacer es ayudar a esos países, pero todos, no solamente Europa, y erradicar las migraciones una rémora del pasado. Los pueblos que más prosperaron –no se empecinen los sabios- fueron justamente los que establecieron permanentemente: egipcios, mayas, chinos…Que salga la gente pero de vacaciones, para dar o recibir instrucción, para intercambios culturales y económicos, para trabajar temporalmente si se necesita porque un sector en expansión lo demanda, porque no todos vamos a ser albañiles ni recogedores de uvas…, etcétera, y si luego se quieren quedar tendrán que cumplir una escrupulosa y dilatada estancia, no vale con estar aquí cuatro días y ya está. Pero eso de querer establecer la inmigración como un derecho humano, es decir derecho a la esclavitud, es muy fuerte. Entrar ilegalmente, violar el domicilio familiar y por extensión las fronteras de un país es un delito. Otra cosa es el derecho a salir del país con tus papeles en regla y si te conviene, tal y como lo recoge el Artículo 13.2 de la Declaración de Derechos Humanos -y que hábilmente tergiversan y manipulan profesores bien pagados por el capital liberal conchabado con la izquierda aprovechada-, por lo anteriormente dicho: vacaciones, intercambios, trabajo.. pero sin poner en riesgo el empleo, bien escaso, del país de acogida. Esas salidas supondrían que esos países funcionan y son estables económica y políticamente. Lo contrario sería condenarlos a quedarse sin gente, como Rumania que la tiene que “importar” de China, sin financiación para hospitales, escuelas, campo, ganadería, pesca, empresas..
Observarán que siempre que hablan estos políticos, empresarios, ongs, etc., es para pedir el bien de Europa, pero nunca para pedir el bien de esos países que abandonan: el que pueda, sin defecto físico ni psíquico y pueda pagar al negrero de turno. A veces con una arrogancia supina: “somos absolutamente necesarios para vuestra supervivencia”. Si señor, tienen sus países hechos una mierda pero, eso sí, vienen a arreglar el mío. Para ello han utilizan el insulto eficiente: “racistas”, y la excusa perfecta: no queréis trabajar ni tener hijos. Cuando los racistas xenófobos, esclavistas y negreros son todos los que pululan en este entorno vergonzoso.
Conclusión: Pienso que los organismos y tribunales internacionales deberían estar manos a la obra, tomando nota de quienes fomentan, defienden y sacan provecho de esta lacra, este abuso, que amenaza sin lugar a dudas a los países más pobres impidiendo su desarrollo y crecimiento, y a los que están en vías de desarrollo o desarrollados impidiendo asimismo el crecimiento de la población autóctona más pobre y necesitada.
La cosa es muy seria. No nos olvidemos que en EEUU para justificar la inmigración, culparon a los negros –como hacen ahora con los españoles- de no querer trabajar y por tanto entraban para ocupar, supuestamente, los puestos de trabajo que ellos no querían. Es más, el 1 de mayo de 2006 intentaron paralizar el país en una intentona pesudo-golpista que da miedo.

